Flor En Culo


Esta entrada es para mí. O para ti. O para ese espécimen humano que vive creyendo que los demás no se dan cuenta de su juego. Que cree que con un par de frases bien puestas puede disfrazar la miseria moral que lleva por dentro. Y no, no es solo gente horrible. Son mentirosos. Manipuladores. Ilusionistas del engaño barato que creen estar interpretando una obra maestra cuando, en realidad, están protagonizando un sketch de vergüenza ajena.


Mentirosos: edición especial

Todos conocemos a ese tipo de persona. Esa que miente incluso cuando no hay necesidad. Que manipula, que gira los hechos, que se inventa historias con la soltura de un guionista sin talento, pero con muchas ganas. Y lo peor: lo hace creyendo que tú no te das cuenta. Que no vas a unir los puntos. Que no vas a ver cómo su historia tiene más agujeros que un queso gruyère después de una guerra de ratones.


Son los clásicos listillos de manual: se creen más inteligentes que los demás. Pero la realidad es esta, y perdona el spoiler: más tarde o más temprano, son atrapados. En una contradicción, en una grabación, en una conversación que no sabían que alguien más escuchó. O simplemente en la esquina. En la vida. Donde todo regresa con intereses.


La estupidez travestida de brillantez


Estos individuos suelen confundir el arte de hablar bonito con el talento de decir la verdad. Tienen la sonrisa ensayada, los discursos listos, las excusas en la punta de la lengua. Pero lo que no tienen, y nunca tendrán, es autenticidad. Porque una cosa es parecer, y otra muy distinta es ser.


Y no, no importa cuántas flores intenten meterse en el culo. Siguen siendo los mismos de siempre: falsos, huecos y profundamente predecibles. Porque a la larga, lo más triste del mentiroso es que nunca cambia de guion. Solo cambia de audiencia.


Una flor no hace milagros


Puedes intentar adornar a un idiota, puedes ponerle una flor en el culo, puedes incluso envolver su mentira en papel de regalo emocional. Pero seguirá siendo eso: una mentira disfrazada de algo bonito. Un manipulador envuelto en celofán. Un hijo del ego que cree que todos los demás nacieron ayer.


Y ahí estás tú, sonriendo. Dejando que juegue su partida. Porque sabes que el final ya está escrito. Porque sabes que la caída será espectacular. Porque sabes, en el fondo, que no hay maquillaje que oculte la mediocridad cuando se le cae la máscara.


Reflexión final: para quien se dé por aludido


Este post no es para nadie en particular. Pero si alguien se siente aludido, que se pregunte por qué. Porque las verdades duelen solo cuando se parecen demasiado a uno. Y si tú, que estás leyendo esto, sientes una picazón en el ego… quizás, solo quizás, la flor ya esté plantada.







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